Artemio Lupín

Un blog literario, cultural y satírico que pretende practicar la crítica social y de costumbres.

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Thursday, January 21, 2010

Chile, un país raro

Chile es un país muy extraño. Tengo que admitirlo. Y no lo digo yo, lo dicen los hechos…

La Concertación de Partidos por la Democracia advirtió que era peligroso para la ética pública y un mínimo buen sentido que un candidato a Presidente, aquel que finalmente resultó triunfante en las recientes elecciones, Sebastián Piñera, no hiciera una tajante separación entre la política y los negocios.

A los votantes chilenos, al parecer, eso no les importó, y le dieron una victoria, no demasiada holgada, pero victoria al fin, con un 51,6% de los votos contra 48,4% de Eduardo Frei.

Resultado: en sólo tres días, las acciones del grupo inversor de Piñera, denominado Axxion, subieron un 102 por ciento en la Bolsa de Santiago. Y siguen en alza, lo que significa que con este movimiento especulativo Piñera recuperará todo lo que invirtió en su campaña y quedará, además, con pingües ganancias en el bolsillo.

Pero todo indica que esto a los chilenos poco les interesa, como a los italianos también los tiene sin cuidado que un magnate como Silvio Berlusconi sea su primer ministro.

La vulgata conservadora señala desde siempre que hay que votar a los ricos, porque como ellos ya tienen dinero no tienen necesidad alguna de robar. Consigna que se da de cabeza contra el hecho de que los poderosos nunca sienten que su poder ya es suficiente, y buscan acumular más y más.

Chile es un país muy extraño.

Si ves jugar a su selección de fútbol, descubres que los jugadores se llaman Christopher, Hans, Mark o Charles, pero sus apellidos no tienen generalmente correspondencia con sus nombres, sino que son Martínez, González, Soto o Aranguiz… Apellidos de rancia estirpe castellana, mezclados, en la genética, con los frutos originales de la larga y angosta faja de tierra: los olvidados indígenas, a los que se intenta ningunear lo más posible.

Chile es un país muy extraño. Hay que reconocerlo.

A más de 20 años del fin de la dictadura de Augusto Pinochet, uno de los programas televisivos con mayor audiencia, en la señal abierta, es “Pelotón”, donde un grupo de famosillos es sometido a una rígida disciplina militar, con el fin de foguear su temple en el más puro espíritu espartano. Programa que, por otra parte, da de comer a otros cuantos programas más, de corte farandulero, en los que se analiza y comenta el reality show en todos sus pormenores.

Chile es un país raro. De verdad.

El canal 13, por ejemplo, que se supone es de propiedad de la Iglesia Católica, institución a la que se podría imaginar como guiada por intereses menos subalternos que los económicos, acaba de despedir a su directora ejecutiva, Mercedes Ducci. La razón: el canal tiene bajo rating, y eso espanta a los avisadores que huyen en busca de mejores horizontes.

No importa, en absoluto, que este canal –en general, más bien tradicional y nada proclive a los cambios- haya sido capaz de emitir una miniserie como “Los 80”, una imitación bastante digna del español “Cuéntame cómo pasó…”, con la diferencia de que mientras ésta pasaba revista a los últimos años del franquismo, en la producción nacional se analizan los avatares de una típica familia chilena de clase media baja en los años declinantes del pinochetismo.

La señal de la salida de Ducci es clara: lo que le importa a la administración de UCTV es tener televisores encendidos y sintonizados en su emisora, no importa el precio que les demande conseguirlo.

Televisión Nacional, que, por otra parte, vendría a ser un canal público (o al menos eso es lo que se supone…), ya entendió muy bien la lógica del mercado en que se mueve. Y hace rato desistió de hacer programas que intenten hacer reflexionar a la gente.

Su parrilla ahora está compuesta por programas como “Pelotón”, donde el “gancho” para el público son las duchas diarias de las estrellitas que compiten por sus quince minutos de fama. O los meneos de culo. Así como los arrumacos entre los participantes, arriba o debajo de las sábanas.

Chile es un país verdaderamente extraño.

Hay una señora, de nombre Anita Alvarado, que se ganó la vida en Japón, como ella misma lo confiesa, ejerciendo el oficio más antiguo del mundo.

Pues bien, esta señora, que adquirió notoriedad pública cuando estafó a un político japonés corrupto que la tuvo como amante -ya se sabe, el que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón…-, volvió a Chile adinerada y triunfal, como los “lanzas” internacionales, otros héroes del imaginario popular chileno. Y fue erigida como personalidad a nivel nacional por los diarios tabloides de la prensa conservadora. Ilustrando, a las claras, con su ejemplo, la doble moral que anima, en general, a la prensa de derecha en todo el mundo, cuando le conviene.

Ellos la bautizaron como “La Geisha chilena”, y le dieron micrófono y una caja de resonancia para sus dichos, que desde entonces se instalaron en los titulares. Ahora es una más dentro de la variopinta corte de la farándula. E incluso una de sus hijas ascendió a ese modesto Olimpo por medio de su participación en uno de estos realitys que vuelven loco al respetable público.

¡Pobre Anita Alvarado…! Tuvo que ver con sus propios ojos, por culpa de una cámara indiscreta, a su niñita haciendo de las suyas con algún “recluta”. Y no le quedó otra que llorar a mares, confesando que ella se había hecho puta justamente para que su hija nunca lo fuera…

Hace unos días, a propósito de la victoria piñerista, “La Geisha” habló de política, sumándose a la euforia, de la mitad más uno de Chile que apoya a la derecha pinochetista, ahora trasvestida en democrática. Y al explicar su apoyo al candidato empresario dijo algo que fue más revelador que veinte sesudos análisis de cientistas políticos con posgrados en Harvard.

Comentó que en su población, cuando era niña, reinaba la tranquilidad gracias a la dictadura. Que los narcos andaban escondidos y que nadie se atrevía a portarse mal, porque si no le caía encima la mano pesada de los guardianes del orden.

Al declarar esto dejó en evidencia que las señoras de vida airada a veces son las más perfectas defensoras del orden constituido. Pero además dejó claro, que a más de 20 años de desaparecido el “régimen militar”, todavía hay chilenos –y no son pocos- que añoran la mano de hierro de los generales y que se resisten, con dientes y uñas, al desorden y la corrupción rampante que trajo consigo la democracia.

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Saturday, January 09, 2010

¿Qué tal si le aguamos la fiesta a la derecha?


Si hay algo en lo cual ha tenido éxito, hasta ahora, la estrategia del comando piñerista para la segunda vuelta electoral del 17 de enero es en instalar la imagen de un caballo ganador, que avanza, imparable, hacia la meta. A causa de esta sensación de victoria es que los derechistas andan felices por la vida, con una sonrisa de oreja a oreja, tarareando la versión que hicieron jingle de “Quiero decir que te quiero”, de Quique Villanueva.

Al principio, claro, las cuentas no eran muy alegres. O eran de dulce y agraz, para matizar las cosas.

Es cierto que catorce puntos de ventaja, en el ballotage, sobre el más inmediato perseguidor representan una diferencia considerable. Pero también es cierto que si se suma la votación de los tres candidatos que escoltaron a Piñera (y que son provenientes de una misma matriz ideológica, en el sentido más amplio del término), ésta supera con creces ─55,9% contra 44,05─ el porcentaje alcanzado por el candidato de la Alianza, ahora rebautizada como Coalición por el Cambio.

Ahora bien: es obvio que no se podía traspasar íntegramente el caudal obtenido por Marco Enríquez-Ominami a Eduardo Frei, puesto que gente de su comando ─algunos en puestos importantes, como el economista Paul Fontaine─ había declarado de antemano que en segunda ronda se matricularía con Piñera. Y otros siguieron luego el mismo camino, como el analista Patricio Navia y miembros menores de su elite ideológica.

Ése era un dato de la causa: los denominados meo-piñeristas, que en un arco variopinto que va desde Fontaine en la derecha hasta Max Marambio en la izquierda, privilegian, en esta coyuntura, darle un golpe que estiman mortal a la denostada Concertación antes que impedir el triunfo del empresario Piñera. Y con él, el retorno de los pinochetistas desalojados de La Moneda en 1990.

Pero las estrategas de la UDI y RN sabían que no les bastaba con captar a algunos cuadros del marquismo para cerrar la victoria que estiman, con toda razón, inminente pero no segura. La amarga experiencia de Lavín, que perdió frente a Lagos, en una cerrada competencia, por exiguos 30 mil votos los llamaba a ser prudentes y a no dejarse llevar por el triunfalismo.

¿Cuál era el objetivo a lograr, entonces? Conseguir que al menos el 30% del voto de Marco se traspasase a Piñera, como planteaba el Oráculo de Delfos versión chilensis –es decir, la encuesta CEP, por cuya boca muchos creen hablan los dioses, en noviembre pasado.

O, más importante aún: impedir, por todos los medios a su alcance, que el 70% se traspasase a Eduardo Frei.

Como sería natural, por otra parte, que fuera, dado que, con todas las acerbas críticas que Marco ha hecho a Frei y a la Concertación, es obvio que tiene mucho más en común con éste ─los dos, por ejemplo, son hijos de víctimas de la dictadura─ que con Piñera, quien se operó de las patas de gallo que le aparecieron bajo los ojos pero no de su pasado de respaldo a Hernán Büchi, el delfín de Pinochet, y de haberse enriquecido al amparo de lo que sus partidarios llaman “el régimen militar”.

En esta empresa, la de impedir que los votos de Marco se vuelquen hacia Frei, la derecha ha contado con el entusiasta apoyo de algunos trasnochados maximalistas que llaman a votar nulo o abstenerse, dado que la confrontación que se acerca sería una pugna entre “líderes del pasado”, en la cual las masas revolucionarias no tendrían por qué involucrarse, en la medida en que este asunto, mera disputa de poder entre facciones del bloque burgués, no les va ni les viene.

La ceguera que guía este análisis es evidente, y no hace falta acudir a demasiados ejemplos en la historia para descubrir hacia dónde nos puede conducir. Baste decir que en la Alemania de los años posteriores a la República de Weimar, el Partido Comunista, bajo la influencia del Komintern, se negó a aliarse a los socialdemócratas ─a los que denominaban “socialfascistas” ─, lo que en definitiva favoreció el triunfo de Hitler y el nazismo.

Ahora, es cierto, no es Hitler el que está agazapado, esperando entrar a La Moneda, ya no empujado por el apoyo de los tanques o los Hawker Hunter, sino por un aluvión de votos, sino una cruza de Berlusconi y Farkas, con su sonrisa Pepsodent, sus finalmente asumidas canas y la avasalladora arrogancia del dinero.

Pero el resultado para el pueblo chileno puede ser el mismo: un retroceso histórico y decisivo en las conquistas sociales duramente alcanzadas (estando claro, por otra parte, que faltan muchas más aún por ser conquistadas...) y una noche de champán y algarabía, seguida de cuatro años de gobierno, para los Longueira, los Fernández, los Jarpa, los Cardemil y los Allamand.

Con todo, todavía es tiempo de revertir este escenario catastrófico. Hay que superar el desaliento y redoblar los esfuerzos para cerrarle el paso a la derecha. Hay que salir a hacer puertas a puertas, virtuales o reales.

Y conversar sobre todo con los jóvenes, que no tienen la experiencia directa de haber sido gobernados por los que hoy hacen gárgaras con la palabra democracia y hasta se permiten reconocer (no les queda otra...) “las cosas buenas que ha hecho la Concertación”. Aunque, claro, veinte años son demasiados. Y ahora nos toca a nosotros, compadrito…

Hay que dejar, por otro lado, de clavarse puñales. Ya llegará el momento para hacer los análisis de las cosas que se hicieron bien y de las que se hicieron mal. Y también de las que dejaron de hacerse. Este es el momento de la batalla decisiva, y ningún ejército reforzará su moral, antes de entrar al campo de combate, si ve a sus generales enzarzados en disputas extemporáneas o arrojándose el peso de la culpa por los errores del pasado y del presente.

Es el momento de cerrar filas. Apretar los dientes y prepararse para lo que sea.

Es verdad que todavía veremos a algunos desertores escabullándose entre los bosques o saltando al campo contrario, guiándose por su olfato de oportunistas inveterados.

Un escritor por allá, al que no le gustó la Embajada a la que lo destinaron. Otra poetisa por acá, que se enojó porque no le dieron la beca, que con tanta asiduidad recibió en años anteriores. Un ex futbolista, que saltó de simpatizar con el MIR a cortesano de Lavín, y de ahí siguió en línea recta hacia el lugar donde le abrieran las puertas. Un actor que fue símbolo del No, y que decidió incinerar su historia de vida por un hipotético plato de lentejas…

De todo hay en la viña del Señor, y yo, a esta altura, de nada me asombro. Lo que tengo claro es que en las grandes coyunturas es donde no hay que perderse, y es donde el ser humano muestra toda su fibra y su temple.

Podemos perder, por cierto, y las estadísticas y los cientistas políticos dirán: ¿Vieron que era verdad aquello de “la diferencia irremontable…”? Pero también podemos ganar, si es que algunos líderes del campo progresista se ponen las pilas y, asumiendo sus responsabilidades, deciden anteponer los intereses de Chile y de su pueblo, por sobre sus intereses personales.

Y, en ese caso, ¡pucha que sería lindo echarle a perder la fiesta a la derecha...!

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Tuesday, January 05, 2010

Pequeño y tonto homenaje a Sandro de América...



Una muchacha y una guitarra


Una muchacha y una guitarra
para poder cantar
esas son cosas que en esta vida
nunca me han de faltar.

Siempre cantando
siempre bailando yo quisiera morir,
dejar el cielo sobre este suelo
en el que yo nací.

No quiero que me lloren
cuando me vaya a la eternidad,
quiero que me recuerden
como a la misma felicidad;
pues yo estaré en el aire,
entre las piedras y el palmar;
estaré entre la arena
y sobre el viento que agita el mar.

Una muchacha y una guitarra
para poder cantar,
esas son cosas que en esta vida
nunca me han de faltar.

Una muchacha y una guitarra
para poder cantar,
esas son cosas que en esta vida
nunca me han de faltar.

No quiero que me lloren
cuando me vaya a la eternidad,
quiero que me recuerden
como a la misma felicidad;
pues yo estaré en el aire,
entre las piedras y el palmar;
estaré entre la arena
y sobre el viento que agita el mar.



Eran los años 70, y yo era menos tonto de lo que soy ahora, recordando al querido poeta Rafael Alberti, que pregonaba aquello de que "yo era un tonto, y la vida me ha hecho dos tontos".

Entre otros ejercicios masturbatorios con los que pretendía afirmar mi incierta identidad, tocaba la guitarra de un modo bastante percusivo, para decirlo de una manera piadosa, siguiendo las tablaturas de acordes que publicaban las revistas "El Musiquero" o "Ritmo".

Tenía el pelo largo, obviamente. Era flaquísimo. Y fumaba como un chino, dentro de las posibilidades económicos que un asiático de entonces y de ahora podía llegar a tener.

Mi imaginario musical estaba formado por Joan Manuel Serrat, Salvatore Adamo, Los Iracundos, Rita Pavone y, por supuesto, el gitano falsificado impuesto por el compositor Oscar Anderle y algún sello discográfico de infausta y poco perdurable memoria.

Después vendrían Patxi Andion, La Nueva Trova, Mocedades, Paco Ibáñez, los italianos del festival de San Remo (en especial, los más contestatarios que iban un poco más allá de las pretensiones de Rafaella Carrá: Lucio Dalla, Iva Zanichi, I Richi e I Poveri, gente cómo ésa...)

Y el clamor del rock auténtico que comenzaba a sacudir los escenarios de los fracs alquilados y los trajes de lentejuela.

En medio de esa constelación de provocaciones (The Doors, Procol Harum, Santana, y toda la parafernalia y panoplia de Woodstock), Sandro era un cantante pasatista, pero con un mayor nivel de recordación que Palito Ortega o cualquiera otro de los integrantes del Club del Clan.

Había algo auténtico y poderoso en el Elvis Presley criollo de labios gruesos que hacía desencadenar tormentas de feromonas a su paso por los escenarios, al igual que Tom Jones, otro fenómeno de la naturaleza.

Dicen que hasta cuando llego a estar viejo y enfermo, casi sin poder respirar, Sandro siguió concitando el amor incondicional de sus "nenas", ya un tanto avejentadas.

Me saco el sombrero frente a su consecuencia en los amores y pasiones juveniles, tan poco persistentes en los tiempos de la posmodernidad, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire como por arte de magia.

Por eso nuevamente mi homenaje a este muchacho de barrio que debió tender altos muros en torno a su casa en Banfield, para protegerse del huracán de hormonas que desencadenaba con su baile frenético e inmortal.

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Monday, December 21, 2009

Avanti con el nulo!


Somos los irreductibles. El Frente de la Firmeza. Nuestra consigna central es Todo o nada. O habrá revoluc ión proletaria, con las masas sublevadas asaltando el Palacio del Invierno, o no nos conformaremos con nada menos que eso.

Somos los que anulamos por defecto y en forma perseverante. Porque siempre nos hemos opuesto a la farsa electoralista. El poder, ya se sabe (Mao dixit), nace del fusil, y todos los demás son placebos imbéciles. Artimañas para embaucar a los iletrados políticos, que se dejan conducir como corderos a las urnas.

Somos los esclarecidos, los que no nos dejamos meter el dedo en la boca con chantajes morales, los que hacemos llamados a votar “nulo, mierda”, y que después caiga el diluvio sobre lo que quede de nosotros. Tal vez porque creemos que si ayudamos a agudizar las contradicciones, estaremos acelerando la hora del inevitable despertar del pueblo.

Y que les quede claro: nosotros no somos anuladores de la última hora, votantes enrabiados porque el líder mesiánico que lo iba a cambiar todo, no se le dieron las cosas. Nada de eso.

Somos nihilistas desde el primer segundo, y si antes pregonábamos “Anula con la tula”, o “Luche y vote en blanco”, ahora decimos que Frei y Piñera dan lo mismo y que no hay mal menor que por bien no venga, sino un sistema al que vamos a echar abajo guiados por nuestra sola voluntad.

¿Qué importa que las tradiciones de la izquierda chilena se relacionen, desde temprano, con la lucha electoral, como un espacio apto para la agitación política y la toma de conciencia de los ciudadanos?

¿Qué importa si desde los tiempos de Luis Emilio Recabarren haya quienes creyeron que, aun con todas las trampas que presupone la “democracia burguesa”, era importante intentar acceder al Parlamento para tener voz y voto en la agenda nacional?

¿Qué importa, por otro lado, si Salvador Allende, ese burgués contumaz y pije reconocido, se haya candidateado en múltiples oportunidades para la Presidencia, hasta que por fin le dio el palo al gato y llegó a La Moneda?

¿Qué importa si hasta nuestros guerrilleros, que también los tuvimos –algunos de palabra, y otros consecuentes hasta el fin con su ideario-, hayan postulado, en alguna ocasión, el “voto más fusil” y convocado a apoyar a los sectores más avanzados de lo que entonces se llamaba el “campo popular”?

¿Qué importa, por último, que nuestro discurso se tiña bastante con la demagogia de la pureza extrema y enarbole la bandera de la anticorrupción (enseña que -no está demás decirlo- suele ser utilizada por quienes descreen de la democracia como sistema)?

¿Y qué importa, además, si nos hermanamos con los fachos, cuando criticamos a los “señores políticos”, a la “corrupción sistemática” y a toda la basura del show representativo y parlamentario?

Todas esas pamplinas saltaron por los aires cuando la derecha decidió violar sus propias reglas e instaurar la dictadura más salvaje y desembozada del capital. Pero como más saben por diablos que por viejos, después volvieron a dorarnos la píldora con el Estado de Derecho y esas tonteras. Y no faltaron los que cayeron en la celada.

Trampas aptas para cazar a reformistas y conciliadores de toda laya, pero nunca a nosotros, que somos el bastión de los incontaminados y de la conservación férrea de los principios. No somos cómplices del circo electoral y nunca lo seremos. No jugamos con cartas marcadas de antemano. Lo nuestro es la movilización intransigente detrás de objetivos máximos que nunca cederemos.

Revolución socialista y toma del poder. Y si entre tanto, gana Piñera, nos da exactamente lo mismo… O hasta diría que nos puede llegar a ir un poco mejor, pues las masas proletarias, al calor de la lucha, irán abandonando poco a poco a Yingo, a Calle 7 o a Pelotón (los alucinógenos mediáticos con los que el sistema captura hasta hoy sus mentes) para iniciar un lento proceso de toma de conciencia que culminará en el socialismo, o en algo muy parecido.

Como se decía en los 60, época, sin duda, gloriosa de la Humanidad: “Cuanto peor, mejor…”, antes de que la dictadura viniera a demostrarnos cuán peor podíamos llegar verdaderamente a estar, en la escala del blanco al negro y de la civilización a la barbarie.

En fin. No nos veamos la suerte entre gitanos. Con Longueira como ministro del Interior y con Jaime Guzmán como líder espiritual desde ultratumba de un eventual gobierno de Sebastián Piñera, estarían dadas todas las condiciones, objetivas y subjetivas a un tiempo, para que la chispa de la insurrección incendiara la pradera de estos campos bordados de flores, que hoy aparentan una engañosa placidez.

Así que a no aflojar, compañeros. Sigamos en la dura, mientras la edad y el Viagra nos lo permitan. .. Y repitamos, para darnos ánimo, aquellos viejos versitos picarescos, de inolvidable procedencia latina. Aquellos que sostienen que “si el vigore mengua, avanti con la lengua…” Y si “el vigore è nulo, avanti con el culo…” Como los partos, que combatían dando la espalda a sus enemigos. Y, en consecuencia, también a la realidad…

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Sunday, November 22, 2009

Chile y Perú: Hermanos en armas


Las relaciones entre Chile y Perú han entrado en una nueva fase de tensión tras el aparente desenmascaramiento, en Lima, de un suboficial de la Fuerza Aérea Peruana, de nombre Víctor Ariza, que, según denuncia el gobierno de Alan García, espiaba para una red de inteligencia monitoreada desde Santiago.

El tema sería apenas una anécdota o una nota al pie de la historia de los vínculos entre ambos países, sino fuera porque el gobierno limeño decidió escalar el asunto, llevándolo a los titulares de los diarios, a la futura cumbre de Unasur y adonde les sea posible, mediante una sostenida campaña comunicacional, que incluye entrevistas al por mayor de su canciller, José Antonio García Belaúnde, y su ministro de Defensa, Rafael Rey.

Al mismo tiempo, Lima promueve una campaña antiarmamentista en el continente, con envío de ministros a distintas capitales con el fin de difundir su idea de un “pacto de no agresión” entre los países latinoamericanos, que tendría como meta redestinar los recursos que hoy se gastan en armas a combatir la pobreza y la desigualdad.

Loable objetivo, sin duda, sino fuera porque al mismo tiempo critica el armamentismo de Chile con el cual está litigando en la Corte de La Haya, por el tema de la demarcación marítima. De modo que su cruzada pacifista no es desinteresada ni meramente altruista. Tiene nombre y apellido, y su objetivo es neutralizar una amenaza bien concreta, agitada por sectores nacionalistas del Rímac, que sospechan que Chile puede desconocer un eventual fallo en su contra y recurrir a las armas para defender su postura a ultranza.

Cabe, por cierto, hacerse algunas preguntas. ¿Fue correcto de parte de Santiago, como primera reacción ante el incidente, postular que “Chile no espía”, pretendiendo de ese modo dar por cerrado el tema? Mucho me temo que no, pues la verdad es que en el mundo de las relaciones internacionales es un dato aceptado que el espionaje o la inteligencia forman parte del juego. Y que un país que se privara de esa opción, probablemente hasta podría ser acusado de irresponsable por negarse a tener antenas que le permitan conocer lo que pasa en su vecindad y en los alrededores.

El espionaje, pese a su mala prensa, o a la idealización barata que se hace de él en las películas tipo James Bond, contribuye a crear un sistema de chequeo y vigilancia mutua entre los países, que, en definitiva, termina por asegurar cierto equilibrio, en la medida en que saca a luz intenciones amenazantes. La entrega de secretos sobre la bomba atómica de EE.UU. por agentes como Klaus Fuchs a la extinta Unión Soviética, contribuyo, por paradójico que parezca, a un equilibrio de fuerzas que garantizó durante mucho tiempo la paz mundial. Y del mismo modo, pueden citarse otros ejemplos.

Lo malo no es espiar, sino que te pillen...

Lo malo no es espiar, algo que hacen todos los países, como lo reconoció un ministro boliviano, quien puso un poco de sensatez en medio de esta absurda comedia de equivocaciones. Lo malo es que te pillen, y que una vez que eso ocurrió, las cosas no terminen –como ordenan los códigos del ramo- en advertencias “sotto voce”, sino en denuncias públicas o incluso en pedidos de explicaciones. Lo que no figura en ninguno de los manuales de la inteligencia o el “recontraespionaje”, como decía el Super Agente 86.

Otra duda que se ha ido aclarando con el paso del tiempo es la siguiente: ¿Pretendía el gobierno de Alan García ensuciar la reciente cumbre de la APEC en Singapur con su denuncia bombástica? Todo indica que no. Que el mismo García fue sorprendido por la filtración de la noticia de la detención del suboficial Ariza, ya que, como bien apuntó García Belaunde, esta denuncia favoreció la fuga al exterior de otros peruanos implicados en el caso. Y al mismo tiempo la posibilidad de tender alguna trampa a los presuntos “controladores” chilenos de Ariza, poniéndolos en evidencia con más fuerza.

Y aquí es donde cabe recordar que la Presidencia de Perú estaba temporalmente a cargo del almirante Luis Giampetri, un almirante en retiro de pasado fujimorista –quien ejerce el puesto de vicepresidente y, por lo tanto, asume el bastón del mando en ausencia de García-, en el momento en que alguien, en las altas esferas peruanas, decide “reventar” el tema del espionaje y poner al mismo tiempo a Michelle Bachelet y a Alan García en serios problemas.

Las lecciones que surgen de todo esto son muy claras: hay “internas” políticas que se ponen en juego enmascaradas bajo el disfraz de la política exterior de los países involucrados. Lo que en el caso peruano parece ser más evidente que en el caso chileno. Considerando que Chile está a las puertas de una elección presidencial decisiva, pareciera que hay ciertos sectores en Perú que quieren ejercer el “derecho a voto” en los comicios chilenos, tratando de forzar una histérica reacción nacionalista.

Para ello, no han ahorrado municiones. Tratando a la Presidenta Bachelet de “conchuda” en el titular de un diario sensacionalista, y dando luego vagas y confusas explicaciones semánticas. Y ahora agitando la bandera de un país espiado por el “vecino envidioso” (palabras del Presidente Alan García, cuyo programa político consiste básicamente en emular a Chile, para desde allí, si le es posible, superarlo).

Lo peligroso es que la escalada altisonante y ofensiva parece no tener fin. Leo en el diario brasileño “Folha de Sao Paulo” una entrevista a analistas peruanos que explican la tensión debido al alto grado de penetración chilena en la economía peruana. Curiosa teoría, sin duda. El titular del recuadro es éste: “Invasión económica chilena es combustible para tensión bilateral”. Y en la nota principal, García Belaúnde recuerda que Chile es el “quinto o sexto país inversor extranjero en el Perú”.

Ante tamaño absurdo, Chile debiera recordar al Perú que no ha procedido de la misma forma cuando ha detectado acciones del espionaje limeño (en el último caso descubierto, hace poco tiempo atrás, se puso al frustrado espía en la frontera, junto con un “ténganse presente”, pero no se hizo mayor cuestión del asunto).

Se debiera tal vez recordar también los métodos con que se arrancó la confesión a presuntos espías peruanos que actuaban bajo las órdenes de Chile (en You Tube está colgado el interesante testimonio de la hija del supuesto espía Julio Vargas Garayar, también suboficial de la FAP, ejecutado en 1979), a ver si ellos se compadecen con algún tipo de accionar jurídico más o menos civilizado.

En fin, para qué seguir… Y si lo que molestan son las inversiones, faltaba más, es sólo cosa de advertirlo, para que los capitales que, en general, no tienen patria, tomen otros rumbos más saludables que los del Rímac.

Después de todo, alguien en Chile podría pensar que si un país que hoy es débil, comparativamente hablando, con un ingreso per cápita de 8 mil dólares contra 15 mil de Chile, se permite hablar con la insolencia y la agresividad con la que se ha hablado en Lima contra su vecino país del sur, qué cosa habría que esperar de un país hipotéticamente más fuerte en el futuro que se hubiera beneficiado de la ingenua inversión de los chilenos.

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Wednesday, November 11, 2009

Por qué va a ganar Frei


El profesor Patrick Chena, master of Arts y Phd en Ciencias Políticas de la Universidad de Alberta, me hace llegar su rápido análisis, en un paper hecho a vuelapluma, de la última encuesta de la CEP. Encuesta que en Tontilandia, no está de más subrayarlo, tiene una categoría similar a los vaticinios del oráculo de Delfos. He aquí sus sesudas reflexiones, las que cito al pie de la letra, sin que ello signifique, desde luego, que las comparta en plenitud:

Piñera estancado y sin propuestas. Cuando los astutos del Twitter le pronosticaban un 38 por ciento (es decir, un punto más que en la CEP anterior donde figuraba con 37), la dura realidad situó a Sebastián Piñera dos peldaños abajo de estas expectativas, con un 36% por ciento que huele a estancamiento y falta de propuestas y protagonismo. No es ocioso recordar, por otra parte, que en la encuesta CEP de noviembre/diciembre de 2008, el inversionista que quiere ser Presidente superaba a Frei por la misma distancia por la que ahora lo supera, diez puntos, con la diferencia de que entonces estaba instalado en un sólido 41 a 31, y no en el precario 36 a 26 de hoy. Otro dato comparativo interesante: cuando se preguntaba a los encuestados, quién cree Ud., independientemente de sus preferencias, que será el próximo Presidente de Chile, el 51% de los chilenos estimaba que el hombre que se ceñiría la franja tricolor sobre su torso sería Piñera, mientras que apenas un 5% creía que podía ser Frei. Claro que en ese momento Marco Enríquez-Ominami ni soñaba con hacer irrupción en el escenario, y había otros dos potentes contendores en lucha: Ricardo Lagos y José Miguel Insulza. Ah!, y un tal señor Farkas, que tenía un 2% de ilusionados de verlo en La Moneda… Hoy, en cambio, un 49% cree que va a ganar Piñera, un 27% apuesta por Eduardo Frei, y un 8% juega sus fichas a la opción de ME-O.

Marco tocando techo y buscando su destino. Era un secreto a voces en el comando del diputado ex socialista que en la encuesta CEP, cuyo trabajo en terreno se inició en octubre, no le iba a ir bien. “Me van a cagar”, dicen algunos, que confidenció a sus íntimos. Por eso privilegió una gira internacional por el vecindario, cuya meta era mostrar talla de estadista y “perro grande”, en desmedro de los esforzados puerta a puerta que conforman el trabajo territorial. Ya en vísperas de que se develara el gran enigma, gente cercana a Marco, que se jacta de moverse como pez en el agua en el mundo de las redes sociales y en el universo Facebook, lanzó al aire el globo de ensayo de una estimación que lo mostraba subiendo cuatro puntos (de 17 a 21), en tanto Frei y Piñera permanecían, más o menos, pegados a sus marcas, con 38 y 27, frente a un 37 y 28 previo. Marco, qué duda cabe, es la “novedad del año” en esta elección, pero da la impresión de que se proyectó con gran fuerza, a partir del momento de su súbita aparición, aunque luego, como una suerte de brillante fuego de artificio, perdió propulsión y no logra subir al cielo de la soñada segunda vuelta.

Frei y la teoría “de atrasito pica el indio”. Digámoslo con claridad y sin eufemismos: si el senador Eduardo Frei leyera las encuestas y sus pronósticos como si éstos fueran la verdad revelada, hoy él no sería el candidato de la Concertación. Cuando hace un año se preguntaba a los chilenos, quién creían ellos que vencería si había elecciones internas de candidato presidencial en la Concertación, Ricardo Lagos superaba por varios cuerpos de distancia a Frei. Y mientras sólo cinco de cien consultados, tenía confianza en que el senador DC podía volver a ocupar el sillón presidencial, 11 de cada cien pensaba que Lagos estaba en mejores condiciones de poder repetirse los espárragos. O sea, Frei es un resiliente que le asigna un gran valor a la consistencia y a la perseverancia en política, por más que esto pueda parecerle un rasgo “conservador” a algunos.

Algunas conclusiones preliminares:

1) Me parece temerario, por no decir, insostenible, pensar que la derecha puede ganar en un país donde todos los sondeos señalan que la gente quiere más Estado regulador y no menos. Sobre todo a partir de una crisis económica que se gestó a partir de mercados que se expandían sin ningún control, desde el centro hasta la periferia del mundo globalizado, y que dieron lugar a los derivativos o “activos tóxicos”. Parece imposible que la misma derecha pretenda aspirar al triunfo en un país donde el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet culmina su gestión con un 78% de aprobación, y los personajes políticos mejor evaluados se llaman Bachelet, en primer lugar, y luego Andrés Velasco, José Miguel Insulza, Marco Enríquez-Ominami (con todas sus contradicciones, pero expresando también un poderoso deseo de recambio) y Ricardo Lagos.

2) Como Funes el memorioso, legendario personaje de Borges, atribuyo gran importancia a la referencia histórica. Por eso, permítanme otro dato del pasado reciente que considero relevante. En la encuesta CEP de octubre/noviembre de 2005, estos eran los augurios que se planteaban: Bachelet, 38,4%; Piñera, 22%; Lavín, 19,4%; Hirsch, 3,9%; Nulos, 10,1%; Blancos, 5,5%. Es decir, los dos candidatos de la Alianza unidos sumaban hace cuatro años un nada despreciable 41,4% de las preferencias, contra el de todos modos superior 42,3% de los votos a favor del bloque Bachelet-Hirsch, que no tenía, sin embargo, la misma homogeneidad o afinidad ideológica. (De hecho, Hirsch, que ahora está con Marco, llamó a no votar a Bachelet en segunda vuelta, descolgándose de sus aliados comunistas). Y todos sabemos como terminó la historia... De modo que es prematuro, creo yo, sacar cuentas alegres, como algunos sacan hoy en la derecha.

3) Creo que el piñerismo se ha equivocado, de manera fatal para sus pretensiones, al inflar con bombín, a través del complejo mediático que le es afín (básicamente, el duopolio El Mercurio-La Tercera), la candidatura de Marco Enríquez-Ominami. Lo hicieron guiados por la premisa de que era bueno todo lo que complicara a Frei. Pero parecieron no advertir que Marco, con su propuesta de ruptura generacional y de “tabula rasa”, al estilo de Catilina en Roma, también le robaba huevos al águila de la Alianza. Y esos huevitos robados pueden inclinar la balanza, en contra suyo, el día de mañana.

4) El inusual protagonismo de Marco significó, además, robarle cámara a Piñera, y desplazarlo del centro de la escena política. Recordemos que la única vez que la derecha estuvo a punto de vencer al bloque de centro-izquierda dominante, en estos últimos veinte años post dictadura, fue cuando Lavín se apoderó del discurso del cambio, y eso significó que en segunda vuelta Lagos apenas lograra vencerlo por una diferencia de 30 mil votos. Ahora la Alianza prácticamente no tiene discurso ni propuesta propia. Se limita a lamentarse de que Velasco acceda a la página del comando de Frei mientras se debate el Presupuesto en el Congreso. Y se enreda en discusiones bizantinas sobre si incorporar o no a una pareja gay en la franja televisiva. Cuestión que incomoda -¡y cómo!- al alma fundamentalista que anida en su seno.

5) Resulta paradojal que Marco se presente, a la luz de las cifras, como mejor opción que Frei frente a Piñera, en el escenario del “ballotage”. Ello es efectivamente así, porque los números indican que de llegar él a esta instancia, obtendría un 37% frente a un 40% de Piñera, mientras que, en el caso de acceder Frei a la segunda ronda (que es la alternativa más factible, según la encuesta CEP), éste alcanzaría el mismo piso, 37%, pero se situaría a seis puntos de distancia de Piñera, que aparece marcando un 43 por ciento. ¿Qué es lo paradojal de todo este cuento? Que la competitividad de Marco se basa, en gran medida, en su ambigüedad ideológica en las cuestiones de fondo (el hijo de Miguel Enríquez que está a favor de privatizar en parte a Codelco y que no teme, por caso, acompañar a un candidato de la UDI a un acto público…). No es casual, por ejemplo, que la encuesta diga que un 54% de los partidarios de Frei estarían dispuestos a votar a ME-O en segunda vuelta, y sólo un 12% le darían su sufragio a Piñera. Mientras en el caso de los adeptos de Marco, la cosa está mucho más dividida: un 39% votaría por Frei y un 29% lo haría por Piñera.

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Sunday, October 11, 2009

"Por algo será, algo habrán hecho..."


"Por algo será...", "Algo habrán hecho..." Esos eran los justificativos que se esgrimían en el Cono Sur de América cuando nuestros países eran campo de batalla de la Tercera Guerra Mundial. Y los centuriones se sentían obligados a dar explicaciones por sus acciones más reprobables -desaparición de personas, torturas o, en el mejor de los casos, condenas sin juicio previo.

La demonización del enemigo y, si era posible, su deshumanización completa, tildándolo, por ejemplo, de "humanoide", era el paso previo a su liquidación física, puesto que, como se sabe, había que extirpar un cáncer maligno que corrompía al cuerpo social y "no se pueden hacer tortillas sin romper huevos", para seguir en la línea de intentar justificar lo injustificable.

Este tipo de reflexiones vinieron a mi cabeza en cuanto supe del amargo desliz del diputado Alberto Cardemil, quien al ser consultado, a propósito del reciente fallecimiento de la cantante argentina Mercedes Sosa, por qué prohibió en su momento, en su carácter de ex subsecretario del Interior de la dictadura de Augusto Pinochet, la entrada a Chile de la artista tucumana, dijo que la razón principal fue su condición de militante de "extrema izquierda".

Lo dijo, me imagino, sin siquiera sonrojarse, con esa candidez fundamentalista de cierto tipo de derechista chileno, al que no le importa en lo más mínimo navegar contra la corriente y el buen sentido.

Dijo don Alberto, a quien le gusta que lo vinculen con la cultura huasa, dado que se considera un buen defensor de nuestras tradiciones: "Todos sabemos que doña Mercedes, que en paz descanse, era una activista política ligada a la extrema izquierda. Igual que otros artistas de la época, que todos conocíamos en qué empezaban y nadie sabía en qué terminaban", declaró al diario digital Cambio 21, que lo llamó para recordarle su no muy lejano pasado de censor.

Cardemil (hoy independiente, aunque en algún minuto militó en Renovación Nacional, el partido de Sebastián Piñera) dijo que el decreto se firmó en un época en que lo que regía “más bien era un sistema autoritario (¡vaya, por fin aparece alguno de los altos dignatarios del pinochetismo que reconoce que existía autoritarismo...!), con normas especiales de derecho respecto al orden público y actividades. Tampoco había partidos políticos, de tal manera que era una situación excepcional”.

Aunque dijo desconocer la razón del decreto en cuestión, aplicado en 1988, en vísperas del plebiscito donde se impuso el "No" a la perpetuación de la dictadura de Pinochet, manifestó su confianza en que éste se justificaba plenamente en esas condiciones: "Si en ese momento se dictó esa orden, por algo será. Precisamente medidas de excepción como esa hicieron que un país, que había quedado destruido y deshecho por la Unidad Popular, recuperara la democracia en que ahora estamos".

Bueno, ¿no les decía yo?, los que destruyeron la democracia en Chile y sirvieron a un régimen dictatorial durante casi 16 años eran, en realidad, demócratas infiltrados que trabajaron duramente dentro de las "entrañas del monstruo" -vale decir, en el corazón de la dictadura- para devolvernos el estado de derecho del que hoy disfrutamos.

Hay que ser muy "car'epalo", en realidad, para sostener argumentos como éste. Pero el honorable diputado, qué duda cabe, tiene un máster en estas materias. Sin ir más lejos, baste recordar que fue él quien, como vocero de gobierno, mantuvo en vilo al país la noche del 5 de octubre de 1988, cuando, por instrucciones del dictador, no se entregaban más cifras del resultado del plebiscito que le había sido adverso.

Hasta que en un momento dado, por presiones superiores, algunas de las cuales vinieron del seno de las propias Fuerzas Armadas (el caso ya conocido del general Fernando Matthei, comandante en jefe de la Fuerza Aérea) y otras desde más al norte, Pinochet se vio obligado a echar pie atrás en sus planes de mantenerse en el poder a toda costa, y dio instrucciones a Cardemil para reconocer públicamente la derrota.

Entonces fue cuando nuestro ilustre legislador, nuestro Catón criollo -aquel que nos protegía de influencias perniciosas- dio a su vez la orden a los canales de televisión para que dejaran de transmitir las aventuras de Popeye, el Correcaminos y otros dibujitos animados. Y compareció, cariacontecido y amargado, a eso de las 2 de la madrugada, ante las cámaras para señalar que, en el cómputo final de los votos, el "Sí" obtenía un 43% de las preferencias, frente al 55,7% del "No".

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