Artemio Lupín

Un blog literario, cultural y satírico que pretende practicar la crítica social y de costumbres.

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Sunday, August 05, 2007

¿Igualdad ante la ley? No me hagan reír…


Raúl Iturriaga Neumann terminó ingloriosamente en estos días su periplo como “clandestino” al ser detenido por detectives en Viña del Mar, en un edificio con vista al Pacífico. Había sido condenado a diez años de prisión por el homicidio de Luis San Martín Vergara, un militante de izquierda desaparecido en 1974.

El ex boina negra se declaró en rebeldía por la sentencia del juez Alejandro Solís, al que le dijo que su labor en la DINA consistía en organizar las fiestas patrias (sic), y se sumergió en un departamento de un edificio de Las Hualtatas, en Vitacura, propiedad de una amiga de su familia. Su objetivo: encabezar desde allí la resistencia contra este opresivo régimen democrático que persiste en querer castigar a los culpables de desapariciones y torturas.

Sus amigos decían que no se iba a entregar así como así, y que su condición de comando de elite, que se entrenaba estrangulando gatitos con sus propias manos para forjar su temple, prometía una lucha épica en caso de que la policía intentase echarle el guante encima.

Sin embargo, nada de ello aconteció. Su pistola 9 mm y su corvo acerado quedaron a buen recaudo en su equipaje cuando la policía civil lo capturó, empleando la argucia de llevarle el diario a su vivienda. Al parecer, a juzgar por un video que anda por ahí dando vueltas, incluso forcejeó menos que el “Mamo” Contreras una vez que el brazo de la ley cayó sobre él.

Es que, pensándolo con calma, no había para qué batirse como los héroes de La Concepción, hasta quemar el último cartucho si fuese necesario, considerando que su destino último, en el albur de ser hecho prisionero, estaba muy distante del que Iturriaga y los suyos le reservaban a quienes caían en manos de la DINA, en los tiempos en que Pinochet mandaba.

Para empezar, nadie le iba a poner una capucha en el rostro para arrastrarlo hacia una tierra de nadie y proceder a aplicarle tormentos diversos con el fin de que confesara sus reales o imaginarios crímenes. Lo más probable es que le leyeran sus derechos, e incluso se tuviera la gentileza de ocultarle las esposas bajo las mangas, de modo que como general del Ejército no ofreciera la imagen indigna de un delincuente cautivo al ser presentado a la prensa.

Por eso es que nuestro Manuel Rodríguez redivivo salió sonriente y hasta de buen talante desde la casa en la que buscó refugio. Lo peor que le podía pasar, se dijo a sí mismo, era terminar junto a sus camaradas –veteranos, como él, de la Guerra Fría-, encerrado en el penal “Cordillera Inn”, que dista mucho de ser una mazmorra, con internet, gimnasio y TV cable.

Allí, el “Gigio” se reencontró con Moren Brito, con Miguel Krassnoff y otros próceres que contribuyeron a liberar a nuestra dulce patria del comunismo, aunque para eso hiciera falta liquidar a algunas aguafiestas y arrojar luego sus cuerpos al mar. Cosa que, según Hermógenes Pérez de Arce, el rey de los sofistas, nunca ocurrió. Y que, según otros, más realistas, sí sucedió, pese a que de inmediato se justifican diciendo que no se puede hacer tortillas sin romper huevos.

Como sea, lo cierto es que mientras el ex jefe del Departamento Exterior de la DINA iba a dar con sus huesos al penal cinco estrellas de Peñalolén, a corta distancia de la ex Villa Grimaldi, donde los prisioneros eran entubados o asesinados a cadenazos, el tema de la justicia y la igualdad o desigualdad ante la ley volvía a ganar titulares en los diarios.

Y cito un par de ejemplos. Para empezar, el de la líder de la llamada “secta ABC1”, como la bautizó LUN, Paola Olsece. El otro día vi a un fiscal muy orondo anunciar por televisión su arresto, diciendo que se la acusaba por el homicidio y la inhumación ilegal de una joven que falleció tras un parto efectuado sin atención médica en la parcela de Pirque, en la que residía.

Según los miembros de esta Comunidad Cristiano-Ecológica (así se autodenominan), Olsece no estaba ni antes, ni durante ni después de estos hechos allí. Pero unos escritos la incriminan (¿?) como “gurú espiritual” del grupo. Y eso al parecer es suficiente para mandarla a la cárcel.

A mí, que en general suelo ser bastante agnóstico, la cosa me huele a caza de brujas. Y no deja de extrañarme el excesivo celo policial y judicial puesto en este asunto. Celo que eché de menos, por ejemplo, en el caso del pedófilo Paul Schäfer.

Otro botón de muestra, pero a la inversa, es la reciente condena a tres años de presidio a Aarón Vásquez, el hijo y nieto de pastores protestantes que mató a golpes, con un bate de béisbol, al ciclista Alejandro Inostroza, en una plaza de Santiago. Ya me he referido antes a este caso en este blog que soporta habitualmente los dislates y desvaríos de mi pluma, de modo que no ahondaré al respecto.

Sólo diré que los ilustres magistrados estimaron que esta leve pena, que se reducirá en la práctica a dos años y tres meses en un centro de reclusión de Calera de Tango, que tiene campos de deportes y lugar para hacer asados (¿a qué les hace acordar...?), con régimen semicerrado –es decir, Vásquez puede dormir todas las noches en su casa, bajo el amparo de Dios–, es la justa y correcta manera de purgar este alevoso crimen.

Homicidio simple, así lo caratularon. Y al que no le guste, a llorar a la iglesia (pero no a la evangélica).

Lo curioso es que estos mismos días leí un cable que da cuenta que en Atlanta, Estados Unidos, un joven fue sentenciado a diez años de cárcel por tener una relación consensual con una adolescente.

La pena aún no está firme, pues falta la decisión de un tribunal superior. Pero, en principio, Genarlow Wilson, de 21 años, “fue declarado culpable del delito agravado de abuso de menor luego de una fiesta de Año Nuevo en el 2003 en una habitación de un hotel del condado de Douglas, donde fue grabado en video teniendo sexo oral con una muchacha de 15 años; él tenía 17 entonces”.

Detalle no menor: Wilson es negro.

Aunque, en rigor, no hay que irse tan lejos para comprobar que la justicia a veces es ciega y dispar, además de discriminatoria.

Un menor de 17 años, M. M. S., domiciliado en la villa San Miguel de Puente Alto, cuyo caso conozco de cerca por circunstancias que sería ocioso mencionar, acaba de ser condenado a diez años de prisión en el CDP de esa populosa comuna (ya cumplió uno adentro, mientras esperaba el fallo) por “robo con intimidación”. Ergo, un vulgar “cogoteo”.

No digo que M. M. S., adicto a la pasta base desde su más tierna infancia y con un largo prontuario policial pese a sus cortos años, sea una “blanca paloma”. Pero al menos no ha matado a nadie. Y eso no es poco, comparado con el caso de Vásquez, a quien los jueces le rebajaron la pena porque era menor de edad al momento de cometer su crimen.

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2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

AARON VASQUEZ NO TENIA ANTECEDENTES PENALES, PRODUCTO DE UNA RIÑA GOLPEO AL JOVEN INOSTROZA PARA DEFENDER A SU HERMANO, FUE UN MUY MAL GOLPE SI, PRODUTO DEL ESTADO EN QUE SE ENCONTRABA Y DEL PELIGRO EN QUE VIO A SU HERMANO. DEJEMOS DE DECIR QUE ESTO FUE UNA MASACRE PORQUE SE COMPROBO SOLO UN GOLPE DE BATE, EL JOVEN NO MURIO ENSEGUIDA Y PRODUCTO DE QUE FUERA DEL GOLPE EN SU CABEZA NO SE ENCONTRABAN DAÑADOS SUS ORGANOS FUERON DONADOS EN SU TOTALIDAD.AARON NO ES UN DELINCUENTE ASIDUO, NI CRIMINAL EN SERIE, HAY QUE ESTAR EN EL MOMENTO PARA HABLAR, POR LO TANTO MERECE UNA OPRTUNIDAD Y LA TENDRA! ANDREA POPA

8:02 PM  
Blogger Francisco Estrada said...

Puedes mejorar tu información del caso leyendo el fallo de la corte de apelaciones de santiago en http://justiciapenaladolescente.blogspot.com/

2:23 PM  

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